|
El
catedrático John Robinson (William Hurt) y su esposa
Maureen (Mimi Rogers) y sus tres hijos (Heather Graham, Lacey
Chabert y Jack Johnson) son seleccionados para convertirse en
la primera familia que va colonizar el espacio exterior. A bordo
de la Júpiter 2, pilotado por el mayor Don West (Matt LeBlanc),
los Robinson parten hacia el planeta Alpha 1: Pero el viaje
es soboteado por el doctor Sachary Smith (Gary Oldman).
Dentro de la oleada de
gigantismo que domina la ciencia-ficción, la versión de Stephen Hopkins ha realizado de
una añeja teleserie de los 60 resulta el ejemplo más clarificador de por dónde van los
tiros en Hollywood. Se trata de la producción más cara hasta la fecha de la New Line
-entre 70 y 100 millones de dólares, de los que la mayoria han recaido en la
ambientación y F/X. Si la serie televisiva producida por Irwin Allen representó a la
perfección el talante a horrativo (tacaño, para muchos) de la vieja escuela
fantacientíficas (cartón piedra y disfraces de caucho rancio), esta nueva Perdidos
en el Espacio se adentra en territorios de gran espectaculo, refrendada ya por los
espectadores que han acudido a tropel a verla. Nuestros iconos actuales vienen de esta
televisión con la cual crecimos, afirma el gionista productor Akiva Goldsman, unos
mitos perdurables aunque los reinterpretemos a los gustos de hoy.

La historia tiene todos los
ingredientes del gran serial: acción, aventura, misterio y una familia unida frente al
peligro común. Mientras el telefilm inspirador acabó reconvirtiendose en una comedia
familiarm, Goldsman luchó por una nueva versión mucho más oscura, manteniendo eso
sí, la base principal de un nucleo familiar cohesionado, algo que no nesesitamos
modernizar del planteamiento primero, es una idea que funciona siempre.
Tambíen funciona esa atmósfera
catastrofista-mesiánica. La cinta comienza con la descripción de un planeta Tierra al
borde del desastre ecológico. La familia Robinson sale en misión espacial de
colonización hacia un nuevo mundo llamado Alpha 1. El sabotaje del pérfido cientifico
megalómano provoca que la nave Júpiter 2 quede a la deriva espacial. Se impone
sobrevivir, tratar de volver a casa, defenderse de los peligros alienígenas y del propio
saboteador, atrapado con la familia en su misión destructora. Si hay o no final feliz en
Perdidos en el Espacio lo dejamos a la intuición del lector, lo que sí esta
asegurado es que la productora planea ya la secuela, quiza preveyendo otra serie de
películas de sci-fi en la linea marcada por Star Trek.

ACTORES EN ÓRBITA.
Pero no todo va a ser tecnologíay diseño: sin un reparto que trasmita esas
sensaciones de riesgo, amenaza y solidaridad, el conjunto final se quedaría muerto,
vacío. La primera elección fue la del malvado docytor Zachary Smith: Gary Oldman se
ganó el papel sin excesivos esfuerzos, fogueado como está en roles de villano (incluso
los galácticos, como ese trasunto de Krispin Klánder de El quinto elemento). Quería
hacer una película que mi hijo pudiera ver; tiene nueve años y esperaba poder llevarle a
un cine y que viera lo que su viejo hace para ganarse la vida.
Para Hurt, el film me intrigó porque su historia, en el fondo, demuestra cómo
los seres humanos se nesesitan a sí mismos mucho más que a las máquinas.
La ex esposa de Tom Cruise se involucró en el proyecto para pasármelo bien
entre tanto decorado colosal y efecto especial. Lacey Chabert debuta en su rol de una
de las dos hijas; la otra es la más conocida Heather Graham (Boogie Nights) a quien el
rodaje en Londres le sirvió para enamorarse de Stephen Hopkins: Supongo que es un
error que una actriz se enrolle con el director, pero bueno ya saben, la vida es muy
corta...
Otro rostro y nombre popular es el del guaperas Matt LeBlanc (Friends), sustituyendo
a Neil Patrick Harris -el televisivo joven Indiana Jones-,que no pasó la criba de los
ensayos, dicen que abrumado por trabajar al lado de Hurt Oldman. LeBlanc compaginó el
rodaje de la teleserie con el film, lo que le obligó a una apretada agenda de viajes
transoceánicos.
Relaciones familiares aparte, el
aficionado que quiere amortizar su entrada con un despliegue de efectos digitales y
monstruitos generados por ordenador no saldrá defraudado: escenas como las del accidente
de la meganave o el ataquede unas sanguinarias arañas justificarían por sí mismas la
asistencia a las salas.
Fausto
Fernandez.
Sacado del número de julio de 1998 de la revista FOTOGRAMAS
|